Lo que Ámsterdam regula y Chile prefiere ignorar 

Por Lucas Lorca Ponce.

Adquirí el porro más económico del menú, que costó alrededor de 12 euros, en el coffeeshop que es un lugar establecido donde se puede ir a consumir marihuana de forma legal,  de la famosa marca The Bulldog. Al entrar, me dirigí a una de las mesas del fondo sintiendo una especie de inquietud en el cuerpo. Tomé asiento, agarré el encendedor y encendí, mientras miraba a mi alrededor, pensando que alguien podría dirigirse a mí o que podría enfrentarme  a algún problema, pero al contrario, cada persona está metida en su vida y el ambiente que hay en el lugar es bastante relajado y por sobretodo seguro. Fue en ese momento cuando comprendí lo que significa que un estado elija regular en lugar de dar un paso atrás. 

Y ahí radica el contraste que golpea al volver a Chile, donde la marihuana se consume exactamente igual, pero sin local ni boleta. En Ámsterdam, en cambio, basta con tener 18 años y mostrar un documento de identidad para comprar en un coffeeshop. La legislación neerlandesa autoriza la venta de hasta cinco gramos por persona y fija un límite de 500 gramos de stock por establecimiento; negocios completamente formales cuyos dueños pagan impuestos y se rigen bajo la normativa laboral del país.

En Chile no existe nada parecido, aunque el consumo está muy lejos de ser insignificante, según un estudio del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA): “consumo de marihuana en Chile se situó en un (10,1%) en la población general, reflejando una tendencia a la baja y consolidando un descenso acumulado cercano al 30% desde su punto más alto en 2016 (14,5%)”.

Pero aun así uno de cada 10 chilenos se declaran consumidores de marihuana. Asimismo el ex ministro del interior Álvaro Elizalde en el año 2024 señaló que “Cuando en Chile hablamos de drogas, tendemos a reducir el tema a uno de carácter policial, que por cierto es un desafío en materia de seguridad. Pero a muchos se les olvida que hay un componente vinculado a la salud: cómo disminuimos la demanda que existe de consumo de drogas, que termina destruyendo la vida de las personas, la vida de las familias y deteriorando significativamente la vida de nuestros barrios”. Así seguimos sin un solo local establecido donde una persona adulta pueda comprar y fumar legalmente.

Lo que tenemos es una zona gris, donde la Ley 20.000 no castiga el consumo personal en un espacio privado, pero tampoco existe una forma legal de adquirir la marihuana, ya que es una ley que tolera el efecto, pero criminaliza casi todo el camino y va  generando un vacío legal que no es claro en si mimo, debido a que el sistema dice que podemos consumir en lugares privados, pero penaliza la venta, y la gran arista que es como voy a consumir mi producto si para acceder a el tengo que recurrir al mercado negro. 

Asimismo, en Ámsterdam según la legislación neerlandesa obliga a los coffeeshops a entregar el 50% de sus ventas al estado en impuesto, dinero que financia servicios públicos etc. Lo llamativo de todo esto es que contribuye al desarrollo del país y no fomenta hacer lugares clandestinos o mercados negros. Si esto se pudiese aplicar en Chile sería una muy

buena medida para contribuir en el desarrollo y erradicar trafico del país ya que por decadas la sociedad chilena ha tenido que recurrir al mercado negro para conseguir este producto y al hacerlo de manera legal y regulada, las industrias y futuros emprendedores podrian beneficiarse ya que se podria abrir un nuevo mercado y marcar precedentes a nivel mundial. ya que al día de hoy solamente existen seis países que han decidido dar un gran paso con respecto a la legalización.  

La experiencia que ofrece el visitar Ámsterdam no significa ignorar los riesgos, ni promover el consumo sino entender que la regulación es una herramienta pragmática de control estatal. Mientras que Chile la inacción y la prohibición ciega le sigue regalando un negocio millonario al crimen organizado. 

Y claramente el modelo neerlandés demuestra que una política basada en la fiscalización, la tributación y la responsabilidad individual es capaz de transformar un problema de seguridad en una fuente de recursos para la salud pública y la prevención, y aquí es cuando te das cuenta de el estado prefirió supervisar antes de fingir que en realidad no existen los problemas de consumo en sus calles.   

Chile debe dejar de hacer vista gorda y atreverse a aprender del ejemplo de Ámsterdam y legislar con pragmatismo. Esto no es rendirse, sino arrebatarle el monopolio de la distribución del narcotráfico y asumir la madurez institucional que exige el panorama actual. Continuar en la comodidad de la zona gris no va a detener el consumo al contrario sólo seguirá aumentando. Ahora es momento de avanzar hacia una regulación inteligente que informe,  recaude y proteja a las personas con responsabilidad que corresponde a un estado moderno.

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