Durante la primera mitad del año 2026, según dio a conocer el anterior Secretario Regional Ministerial de Salud, Alberto Godoy, han aumentado los casos de problemas de salud mental en estudiantes universitarios en Antofagasta. En la región, los intentos de suicidio aumentaron de 351 en 2024 a 515 en 2025 y cerca de la mitad corresponde a personas entre los 10 y 24 años lo cual incluye a gran parte de la población universitaria.
Un estudio reciente de la universidad Autónoma advirtió que las estudiantes mujeres presentan un riesgo suicida tres veces mayor al de los hombres y que la desregulación emocional se constituye como el mayor factor asociado al riesgo suicida. Los antecedentes han reforzado el llamado de especialistas a fortalecer la prevención temprana dentro de las instituciones de educación superior.
Factores como las exigencias académicas, el proceso de adaptación a la educación superior y la transición desde la adolescencia hacia la adultez han impulsado a comprender cómo estas experiencias pueden afectar el bienestar emocional de los alumnos y qué estrategias se pueden implementar para prevenir situaciones de riesgo. En este contexto, Rodrigo Ardiles, doctor en Ciencias Biomédicas y Salud Pública, señaló “Está absolutamente investigado que la universidad tiene cambios biopsicosociales y espirituales para todo”. Además el investigador menciona que es preocupante que los establecimientos de educación superior prioricen la visión de tratamiento por sobre la prevención, como espacios de recreación o mindfulness.
Estos antecedentes han impulsado a distintas instituciones de educación superior a reforzar sus estrategias de prevención. La Universidad de Santiago de Chile, implementó el programa “Comunidades de Cuidado”, una iniciativa que busca fortalecer el acompañamiento, la detección temprana, derivación y contención frente a situaciones de riesgo y prevención. En la segunda región, la Universidad de Antofagasta fortaleció la atención en salud mental. Desarrollaron programas con el objetivo de reducir la brecha existente en la macrozona norte.
El Centro de Salud Estudiantil (CSE) de la Universidad Católica del Norte también ha fortalecido sus estrategias de promoción de salud mental. Desde hace tres años la unidad ha implementado un modelo de atención que incorpora talleres, actividades comunitarias, ferias, intervenciones en horarios libres y estrategias de detección tempranas. Al respecto, Allison Martínez, psicóloga clínica de la CSE, explicó que, tras una evaluación inicial, cada caso es clasificado según los niveles de complejidad y en caso de ser necesario los estudiantes son derivados a redes de apoyo correspondientes. “Si no los podemos atender, de todas formas también les vamos a señalar a donde tienen que ir”, comentó.
Las cifras e investigaciones coinciden en que abordar la salud mental en la educación superior requiere dejar de actuar únicamente frente a la crisis y avanzar a una cultura universitaria centrada en la prevención y acompañamiento temprano.


