El Fantasma

El fantasma no es igual a las otras películas. Desde sus primeras escenas, nos presenta en una perspectiva más emocional que narrativa, introduciendo al espectador en la vida de José, cuyo personaje está marcado últimamente por la falta de trabajo y  por profundo vacío interior por el abandono y mala experiencia con sus cercanos, lo que ocasiona que sus días sean grises y monótonas.

Su cotidianeidad, atravesada por un estado anímico deprimente, provoca que el espectador genere empatía y permite comprender las emociones y las motivaciones por la cual pasa el personaje de José lo lleva a robar bancos. Si bien la trama parece una película policial, no es así, si bien contiene el delito como tema principal, sin embargo este hecho tiene un trasfondo profundo, llevándonos a una tesis del descontento, la necesidad y la historia de vida.

En este sentido, la película articula una crítica social relevante, evidenciando cómo la historia delictual en la infancia y la corrupción en las grandes entidades de Chile, genera un descontento y afecta a las personas en la sociedad, el cual los motiva a realizar hechos delictivos que no trae consecuencias negativas a los ciudadanos, sino que afecta exclusivamente a los privados.

En este contexto, entrega un mensaje exclusivamente a  las grandes entidades de Chile, en este caso bancaria, activan rápidamente mecanismo de poder cuando se ven afectadas y su presión a las instituciones policiales del país. Este punto se ve contrastado, ya que el espacio- tiempo, se concentra en la revolución pingüina en el año 2006, el cual no generaron el mismo nivel de respuesta. Así que, no solo construye un relato individual, sino más bien se le suma una crítica social.

Desde el plano técnico, el uso reiterado de planos cerrados resulta clave en la propuesta estética del producto audiovisual. Estos encuadres generaron una sensación el estado anímico del protagonista, el cual es de constante ahogo. Dicho lo anterior, el uso excesivo de este plano termina por volverse autónomo, limitando la variedad visual para el espectador. Esto se puede explicar ya que en determinadas escenas, la ausencia de planos abiertos dificulta la comprensión del contexto demográfico el cual se desarrolla las acciones.

Uno de los aspectos a destacar es tanto su diseño sonoro como su dirección de arte, ya que, la ausencia de música nos sumerge en la tensión de su situación y refuerza el vacío del protagonista. Por otro lado, su propuesta de arte al ser sobria y colores cálidos y fríos reflejan el estado emocional de la película.

Las actuaciones constituyen tanto un punto fuerte como débil de la película. El elenco, compuesto por grandes figuras consolidadas en la industria del cine, las cuales logran un equilibrio entre el drama y leves toques de comedia. En este producto audiovisual destacan Elisa Zulueta, Willy Semler y Nestor Cantillana, quienes demuestran su versatilidad en la actuación, convirtiéndose en la atracción principal de la película.

Sin embargo, no todos los elementos funcionan de la misma manera, el cameo de dos actores en específico de Paloma Salas y Fernando Godoy fueron totalmente irrelevantes y resta fuerza en conjunto. Asimismo, el personaje de Picasso fue un “diamante” que no se aprovecho, ya que si bien aporta, queda relegado al peso del elenco, quedando en la historia sin peso.

En cuanto a su montaje, es uno de sus platos fuerte con su narrativa poco convencional, logrando construir una historia acorde al tema principal, sin embargo la presencia de cortes abruptos, provoca una falta de comprensión de algunas escenas y genera vacíos narrativos, y esto se hace más evidente en el desarrollo de “Chang”, cuyo personaje falta un mayor contexto.

En síntesis, “El Fantasma” se arma como una obra que va más allá de una narrativa, ya que logra articular una crítica social significativa mediantes recursos formales en su narrativa. Aunque su ritmo y estética pueda incomodar al espectador, precisamente ese el valor de la película.

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